lunes, mayo 22, 2006
Siempre quise ser un pulpo
Este blog, al igual que la mayoría de mis ideas, nació sin un fin especial. Sólo fue el recuerdo de un antiguo videojuego, Day of the tentacle (DOTT), que le dio vida a este espacio. Pero realmente este espacio siempre estuvo muerto. Nació con el saludo de cumpleaños de Felipe y murió cuando él lo vio. De ahí en adelante (que fue un breve tiempo, al igual que la vida de los pulpos; mucho menos la de los tentáculos) todo fue pala y picota. Cavaba la tumba de un espacio que sólo recordaba color y forma.Hoy en un ramo entregaba un trabajo atrasado y revisándolo llegué con la definición del molusco de ocho tentáculos. Mi mente se llenó de ideas para este espacio, encontré vida y muerte. El día del tentáculo llegó para quedarse.
“Del orden OCTÓPODA, el pulpo es un CEFALÓPODO que habita muchas diversas regiones del océano, especialmente en los arrecifes de corales”.
Yo era dueño del más grande arrecife de coral. Tuve que luchar con moluscos, cetáceos, peces agresivos y plantas carnívoras. No fue fácil, pero siempre supe que iba a ganar. Sin embargo, cuando la lucha terminó, yo era el perdedor. Mi arrecife se derrumbó y mi sueño en una burbuja a la superficie flotó. ¿Y ahora de qué me sirven tantos brazos, sin no quiero tener a quien quiero abrazar? ¿Para qué quiero yo tanta flexibilidad, pues quepo por donde mi ojo entra, sí niego a quien me abrió todos los caminos? La tinta se desvanece y el tiempo se ahoga. Los pulpos son muy inteligentes, pero tienen una vida muy corta. Poseen la habilidad de distinguir entre colores y formas. Más impresionante aún resulta que los pulpos pueden recordar colores y formas y sus significados por más de dos años. Ella era molusco, yo... depredador.
Killed me, but killed me softly, killed me
fundirme en ti, deshacerme en ti
mezclarme, romperme para volver a nacer después
se me sube y se me va
a momentos voy a explotar
con sólo pensar en tu olor, en tu calor y morir
y ya nada será igual, ya nada será igual
contra viento y marea
aquí y donde sea, una hora mas, un año mas, que más da
todo blanco y con luz
todo oscuro eres tu
y sentir el dolor, y beberme el sudor y morir
miércoles, mayo 10, 2006
El día que olvidé...

7:30 am. Hace frío y es tarde para una ducha. 2 días sin H2O pasan piola con algo de perfume. Además, el desodorante del torito (sí, el mismo de la revista de la amiga de mi' amá) cuesta que falle un día de invierno, y menos cuando no tengo educación física.
Estoy muy atrasado y tengo que tratar de no despertar a mi madre antes de tiempo. Comienza la prueba del uniforme. En menos de 5 minutos no tengo que olvidar ningún detalle. Los calcetines, el pantalón, la camisa, el cinturón, la corbata, la insignia y el chaleco. Parece que lo voy a lograr. Raudo desayuno: algo de tiempo roba el pan con margarina y el vaso de leche fría. Finalmente lanzo lejos los cuadernos del día anterior y los cambio por los nuevos dentro de mi mochila.
Todo listo. Antes de abrir la puerta y no detener los veloces pasos de 3 paraderos (que siempre parecían eternos), una imagen fugaz se cruza por mi mente; soy yo en un fallido intento de saltar la reja.
¡¡Las llaves!! Ja, esta vez nada se me escapará. Luego de todos los retos maternales que tengo en mi historial, llegó la hora de cambiar. No más "mermas" estudiantiles que iban a parar al tarro de artículos perdidos, donde era casi llegar y llevar. Bastaba sólo con identificar un artículo dando ciertas referencias y un poco de caridad del inspector o portero de turno. Al final la descripción poco y nada concordaba con el objeto, pero el esfuerzo valía la pena. En la básica llegaron a parar a ese lugar mi cotona y una gran cantidad de lápices (con nombre incluido), mientras que en la media la parca y el libro de matemáticas. En las búsquedas, ordenadas estrictamente por mi madre y con castigo si no las hallaba, sólo logré recuperar un estuche, vacío por cierto (o desvalijado, mejor dicho), y un forro de cuaderno. Pero airosamente salía con propiedad nueva. Un corrector, gomas, reglas y una corbata que vendí ya en los últimos años, fueron algunos de los artículos de la lista de mis nuevas adquisiciones.
Contar sólo eso sería olvidar a propósito el lado b del asunto (y que concierne a este texto). El meollo del asunto eran los olvidos que más repercutía en mi rendimiento escolar; el material que debía viajar casa-colegio. Trabajos, libros, maquetas y hasta colaciones que yo mismo preparaba quedaban sin su sentido de existencia, sin su prometido destino. Planes que fallecían casi antes de nacer y que por esas casualidades de la vida, siempre recordaba un par de metros antes de entrar al colegio. Olvidé todo cuanto puedas imaginar. Todo menos los zapatos. Eso sí que era dejar la cabeza en la casa, porque lustrados debían llegar. Sino, el refriegue en el pantalón te recordaba que ahí debían estar.
Pero esa fría mañana de invierno, cuando al tomar las llaves parecía estar seguro de que todo iba bien, que nada olvidaba, algo me hizo dudar. Y no cerré la puerta de inmediato, comencé a decir en voz alta todo lo que tenía que llevar. Ya seguro, di un buen portazo en vistas de mi tranquilidad.
El suelo se enfrió repentinamente cuando cruzaba por la casa del vecino. Si tan sólo hubiese olvidado también mis pies, no habría llegado tan atrasado.
lunes, mayo 08, 2006
La muerte de mi pecesito dorado
Mi pececito dorado daba vueltas para mí. Sus ojitos clavados en mi figura, deforme por el cristal de nuestros cuerpos, parecían encontrar ese azul profundo que siempre buscó. Y danzaba para mí. Piruetas que siempre me dejaban con el pecho hinchado y el cuerpo lleno de felicidad. "Jamás te dejaré", siempre le decía.Yo amaba mucho a ese pececito. Cuidaba sus noches de sueños y alimentaba sus sueños de día.Pero un día me dormí y nunca más desperté. Ahí comenzó su lucha de supervivencia. Sus sueños se mantenían, a pesar que no tenía quién le diera de comer. Pero luego sus noches se enfriaron y comenzaron a secarse, mientras que los días dejaron de ilusionarse. El reflejo húmedo de su amado desaparecía al igual que esos abrazos que le daban vida.No sé cuánto tiempo le ganó a la soledad y a la derrota, pero la rendición no tardó en llegar y se dejó caer en forma de anzuelo. Y en ese mismo momento, justo antes de picar, un segundo después de burbujear, mi pez aprendió a cansarse de la espera y la mentira.Cuando me levanté a verlo, ya era demasiado tarde. Su color ya no era el mismo. A momentos saltaba, pero ya no eran esas acrobacias que hacía para mí, sino el baile agónico de su despedida. Me volví a la cama y soñé que el anzuelo era mío. Yo era héroe y villano. Aquel lugar lo aniquilaba y en lo profundo, yo le ofrecía anzuelo. No picaba. Nada se movía. Nunca picó. Dormí la vida eterna con su ausencia.jueves, mayo 04, 2006
San chago II
Ayer y hoy, la misma canción.
Hoy estás de onomástico, aunque en realidad podríamos decir que es cumpleaños y que ese humo negro que vemos es el resultado de las velas que tuviste que apagar.
Entre hoy y ayer, no hay nada que entender.
Hoy tu nombre resuena entre calles y veredas. Tanto que se llega a confundir con la voz de los que reclaman por qué tu eres el centro de todo. Lo sé, tu nunca has querido que sea así.
Ayer querías morir. Hoy, más que nunca.



