domingo, abril 05, 2009

Píldora para el alzheimer

"Y la vehemencia sigue, amor. Seguirán nuestras almas retorcidas en sus nichos destechados. Camino risa, camino llanto... todo al mismo barranco".

Estas son palabras de un capitulo inédito donde el final siempre se asegura, pero el punto no se escribe. Miradas deseosas de huellas invisibles. Grueso caudal de íntegro cariño que encuentra su corriente. Palabras para las luces y los aplausos. Y salen a lo ajeno dos humanos en bruto con la pureza de sus emociones. Comienzan a cenar hechos crudos, aliñados con traición e hipocresía. Inevitable intoxicación. Repite 5 veces la escena-receta, y se torna vicioso el salir a andar por la vida.Así estalla el ruido de verdades empolvadas. Los enfermos corazones escupen sangre, entre otros fluidos, para luego sanar comiendo sus propio menjurje. Así nacen mis recuerdos.

Carta desde el Sótano rojo

Una y otra vez vuelve a mi mente el olor, la textura y la embriaguez de aquel sueño. Mentiría si digo que sólo anhelaba que adivinaras el sabor de mi boca. También lo sería si digo que jamás saturé mi mente con el color de tu piel. Hoy tiemblo cuando mis manos me cuentan que resbalaste en ellas. Y es que no puedo creer nada de ese sueño. Quizás porque despierto con real pesadilla de que yo lo elegí así. Me miro al espejo y me entero que son otros quienes me distinguen por mis caretas y falsedades.Me miro y no me lo creo. Nunca lo pensé o lo pensé demasiado. Cavilé tanto que tardé días sin luz en reconocer tu mirada, que buscaba la mía sumida en la noche. Eso sentí ese día encandilado con tus ojos, pero que mi cobardía demostró que tan sólo se tropezaron en un vaivén de deseo y borrachera. Y es aquí donde comienza a rodar las situaciones que sólo en mi cabeza tienen cabida. Los finales son diversos, pero ninguno como éste. Me pides permiso para entrar en el discurso y yo te doy un portazo. Cuando pensé que yo dirigía, me encontraba leyendo mi carta de suicidio. Y cuando estaba listo para lanzar una secuela de mi historia, apareces tú acariciándome con tus ojos. (En blanco)Podría… sería… simplemente eso. Quedarás grabada no sólo en mis películas y libretos, sino también en ese lugar que llamo sótano rojo. Ahí estás siempre, evitando la ausencia cuando bajo a desintoxicarme de mi existencia. Me hubiese gustado tener alternativas, así como elegir el lugar y el momento, un final o un comienzo. Pero al elegir eso, elijo también aniquilar el frío de la mañana que nos acompañó en ese viaje sin piel, lleno de "sensamociones". Mis disculpas por los restos de ilusiones que puedan estar derramados en estas letras, pero esa es la real intensión de ellas. Difícil es desligarse de ellas… y vuelves a mi mente. Nos vemos en el sótano rojo.

En la deshabitada casa de la noche

Y de la nada volvieron a entrar. Ella por la puerta principal, él por la ventana. Tan temerosos de regresar a la secreta casa tras tiempo desaparecidos. Nunca imaginé con lo que se iban a encontrar…Ni el golpe en el marco de la puerta ni los cortes con vidrios parecieron distraer sus ansias de volver al lugar donde descubrieron las primeras caricias y acunaron el texto de Teillier. Sin embargo, antiguas huellas de aquellos momentos de inocencia y despertar sí lo lograron.Nada útil quedaba dentro del lugar, que ya no era un secreto sino una manoseada evidencia. Trozos de emociones, risas averiadas, sueños rasgados y avinagrados compromisos. Todo estaba empolvado de decepción. Avanzaron uno hacia el otro, curiosos por el sonido del crujir de sus pasos que resonaban en las oxidadas cañerías. El nudo que desapareció hace tanto tiempo nuevamente estranguló las gargantas. No había rincón sin teñir por la melancolía, mientras que la pared que los separaba aún conservaba leves rastros de aquel radiante color de besos sin cura. Sin saberlo, mejilla a mejilla esperaban sigilosos, calmando la cosquillosa sensación en sus orejas después de entrar en contacto con el concreto, frío como todos esos años de ausencia. Él pensó en qué decir, ella atenta a escuchar.Pero nada se escuchó. Voces en el sucio patio, risas en el marchitado jardín. Se escuchaba de todo, excepto lo que ellos esperaban oír; la existencia del otro allá atrás. Ni respiración, ni suspiros. Siquiera crujidos. Por un momento me detuve a pensar quién los obligó a callar. Las lágrimas recorrieron toda sus vivencias. Dieron una aletargada vuelta y atraídos como imán dejaron caer sus espaldas en el muro, que se humedecía de lamentos. Se imaginaron solos en la casa, buscando esconder el vacío que dejó el uno al otro. Luego trajeron a su mente las visitas diarias que alojaron allí, como intentado responder desde esos recuerdos cuándo fue que abandoron el lugar. A medida que pasaban las imágenes, deslizaban a la misma vez sus espaldas hasta llegar en cunclillas al suelo aún con la esperanza de resonar al menos melancolía.Derrotados mirando un roto espejo caído, fue como se descubrieron. Eran ellos de la mano que bajaban desde la total oscuridad por lo que quedaba de escalera, hasta que poco a poco eran iluminados por el natural esplandor de la luna. De pie rápidamente se acercaron a la salida. Muy de cerca los vi despidiéndose con una sincera sonrisa. En eso me topé un segundo con tu mano para luego perdernos en una inmensa alegría.

Un momento...

..que la historia la tengo aputanda en el croquis y no en el de notas. La mochila no está en mi trabajo. Dame un segundo.

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